A pocos días del aniversario del desplome de la Torre 6 del Conjunto Space en Medellín, tras la implosión de la totalidad de las torres que quedaron en pie la noche absurda de la tragedia y la entrega esta semana de los resultados de la investigación adelantada, por la Universidad de los Andes, sobre los escombros, planos, cálculos, bitácoras, archivos de computador y otros documentos adquiridos de las oficinas de la empresa constructora Lerida CDO, el tema vuelve a cobrar actualidad y se entreteje una serie de conjeturas y comentarios que aparecen en las redes sociales, donde se tacha de irresponsables, villanos e incapaces al grupo profesional que participó en el proyecto y posterior construcción del conjunto residencial, y lo peor, como en el caso del twit que me impulsó a escribir esta nota, se cae en el error de extender estos apelativos a todos los ingenieros de Antioquia con las consabidas consecuencias que esto trae en el ejercicio cotidiano de la actividad constructora.
Antes de continuar, quiero aclarar para quienes no me conocen, que ni soy Ingeniero (realmente soy arquitecto) ni soy antioqueño (orgullosamente vallecaucano). Pero "del medio" al fin y al cabo.
Tengo suficientes argumentos para afirmar que si bien, si hay alto grado de irresponsabilidad, esta tragedia es el resultado de toda una serie de equivocaciones que involucran no solo a ingenieros y profesionales, sino, de manera muy especial, a quienes financian semejantes despropósitos. Y no voy a entrar a juzgar los precios de los apartamentos primero porque los desconozco, y luego, porque para efectos de sostener mi premisa, podría tener cabida la teoría de que todo este "ahorro" tendría un único propósito que era salir al mercado con un precio mas competitivo.
Y es que esa es, en mi concepto, la culpable de todos los males que nos aquejan y nos hacen cometer errores tan graves como los que ya todos conocemos: se llama "la guerra del centavo".
Yo particularmente he tratado con "clientes" que opinan que la ingeniería y la arquitectura cabalmente llevada y dando cumplimiento estricto a los cánones del buen ejercicio de estas profesiones, es una absoluta "botadera de plata" y a quienes les endulza el odio las palabras: "ahorro", "barato", "fácil" y "rebusque".
Y en ese juego hemos caído los profesionales que ofrecemos nuestros servicios a costos ínfimos y dejamos de hacer arquitectura pues algunos detalles al cliente no le interesan: "si eso no se necesita para algo mas que para adornar, no lo hagamos, que eso cuesta".
Así también, algunos ingenieros han optado por seducir al cliente y se han dado a la tarea de escudriñar las entrañas de la norma sismo resistente, se han volado todos los márgenes (especialmente los de seguridad), han re interpretado los conceptos y los resultados ya están a la vista.
Unos y otros juegan con su imagen, su nombre y su reputación. Son arriesgados. La idea es no quedar por fuera del juego. Eso es instinto de supervivencia. Pero si solo arriesgamos nuestra carrera, nuestra tranquilidad y nuestros principios, allá cada cual. El problema es cuando cruzamos la linea y arriesgamos vidas, patrimonios, y el esfuerzo de años de trabajo. Porque el cliente (El promotor, la entidad que financia el proyecto, el dueño del balón) no va a salir a decir: "yo quería ahorrarme unos pesitos y este fue el resultado". No.
Ahí si somos lo suficientemente válidos como para descargar toda responsabilidad en nosotros y decir a cielo abierto "Yo hice lo que el profesional me indicó que había que hacer".
Atrás, quedó el irrespeto, la manipulación y la grosería con que en algunos casos nos decían: "usted esta loco", "esa casa tiene cimientos como para un edificio", "que cantidad de plata enterrada", "a mi, un maestro de obra, si me dijo que eso era una exageración", "mi vecino hizo lo mismo con la mitad de la plata". Las frases ahora cambian por: "Se robaron la plata del hierro", "no hacían sino pedirme para cemento y vea", "yo hacia lo que él me decía, al pie de la letra", y la mejor: "¿usted porque no me dijo eso antes?".
No le sigamos el juego al cliente ahorrador, al cliente baratero, no caigamos en los facilismos que a nadie conviene. Por echarle mano a un contrato, no perdamos el horizonte, no tiremos por la borda años y años de estudio, años y años de experiencia, y finalmente si un cliente solicita nuestros servicios tengamos la firmeza necesaria para decirle: "esta es mi propuesta, estos son mis honorarios, estas, mis condiciones, usted me contrato para que yo lo asesorara y eso es lo que pretendo hacer, déjese asesorar, si vamos a hacer las cosas, o se hacen bien, o no se hacen, si usted lo que quiere es que alguien se ensucie las manos por usted yo no soy la persona que usted necesita. Mañana, yo no quiero ser el villano de la historia, todo por entrar en la guerra del centavo que usted propone".







